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El mejor carnaval de la historia, a pesar del talco

Por: Omar Raúl Martínez Guerra

Llevaba algunos años sin asistir al carnaval de Negros y Blancos. Lo hacía últimamente por televisión y sobre todo por las redes sociales. Nunca olvidaré el impacto de los videos sobre la carroza ganadora en el 2018, “El Colorado”, del maestro Ribert Insuasty, una alegoría fastuosa e impresionante sobre la masacre del 24 de diciembre de 1824 en Pasto, a cargo de las tropas de Antonio José de Sucre, en represalia por la oposición realista a la gesta libertadora de Simón Bolívar. La bellísima carroza constituyó incluso un referente importante para que la historiadora bogotana Isabel Cristina Arroyo, de la Universidad de los Andes, escribiera el libro “PASTO AL BORDE DE LA NACIÓN, EN EL CENTRO DE LA HISTORIA (1822-1839), una de las mejores obras de historiografía que se hayan publicado, que vale la pena leer dos y hasta tres veces, para entender un poco más de dónde venimos, quienes somos y hacia donde vamos. Me parece que además del verdadero encanto de su preciosa artesanía, la carroza de El Colorado se salió como pocas veces del contexto convencional de las carrozas inspiradas en leyendas míticas, cuadros costumbristas y creaciones lúdicas de fantasía territorial con tonalidades psicodélicas, para dar lugar a una lección histórica sobre hechos luctuosos que hacen parte de la memoria pastusa, en tanto exalta una realidad que, en el sur de Colombia, nadie pasa por alto. Todo indica que El Colorado fue una excepción, pues las denuncias contra gobernantes del momento, de políticos o de sucesos de ingrata recordación están reservadas en el carnaval para el desfile de Años Viejos y de la Familia Castañeda.

En esta oportunidad, la fortuna fue estar presente durante horas en medio de los millares de dichosos observadores, para ver en detalle, una por una, las comparsas individuales, las comparsas de grupo y las encumbradas carrozas. Nunca antes se había hablado tanto y tan bien del Carnaval de Negros y Blancos por fuera de Pasto y de Nariño. No era para menos.  Lo que desfiló en este 6 de enero de 2024 fue algo fuera de serie, en especial lo relacionado con las carrozas: desde la primera hasta la última, mostraban en cada centímetro, en cada detalle, en su estructura total, en el fulgor de sus colores mágicos, en su simbología y en su pretendido mensaje y significado, el resultado de muchos meses de imaginación y ensueño con el prodigio de mentes, corazones y manos anónimas. Pensar, sentir y actuar.  Aquí, el artesano supera al artista. O, dicho de otra manera, para hacer el carnaval de Pasto se requiere ser un artista para producir brillantemente como artesano.

El desfile de carrozas del 6 de enero crea una sensación extraordinaria, porque el espectador no parece haber asimilado del todo el asombro ante la primera obra en movimiento, cuando le llega la siguiente, sin tiempo suficiente para reflexionar el sentido, la diferencia, la razón de ser, la fuente y el origen, todo a la vez. Pero en esta ocasión, el precioso rostro de una mujer que entreabría y cerraba sus ojos de ensueño, mientras las palmas de sus manos indicaban una exclamación de amor, o de emoción y alegría, -un saludo galáctico-, pasó en el primer lugar de las carrozas que la gente distingue como las “grandes”. Para mi discutible gusto personal y también el de miles, no de todos, la ganadora implícita, en una elección verdaderamente difícil y reñida, porque a cuál más eran hermosas, tanto como la ganadora real. Empero, el jurado, por razones que se deben respetar, le asignó un sexto lugar. Ese es el gran problema de las elecciones y las votaciones: ejercer la justicia es el más caro oficio de los seres humanos y la más dable de las posibilidades a las equivocaciones. Si la humanidad fuera perfecta, no existirían concursos ni premios, ni menos la competitividad. Sin embargo, el mundo de la utopía solamente existe entre sueños.

Pero lo admirable y destacable no se queda solamente en las carrozas, pues no es fácil imaginar la valentía de quienes desfilan, llevando en sus hombros unas figuras que deben pesar el doble del caminante.  A más de ello, resultó sorprendente encontrar la incontable cantidad de bandas musicales con sus trompetas, saxofones, guitarras, acordeones y tambores. Me quedé pensando, ¿En dónde se esconden tantos músicos que solo se ven en tiempos del carnaval? ¿qué hacen en su vida cotidiana? ¿Es Pasto, como Ibagué, una reconocida ciudad musical?

Razones de sobra tiene la ciudadanía nariñense en vivir con orgullo la mejor expresión popular, cuyas escenas multicolores circulan hoy por el mundo entero. Además de celebrar con gallardía, sensatez, dignidad y humildad, la calidad de sus carnavales, por encima de quienes pretenden, innecesariamente, ostentar frente a los de tal o cual otra ciudad, como los mejores. Se es mejor no por lo que se diga de sí mismo, sino por lo que revelan sus actos, (o sus obras) es un proverbio en el que coinciden, óigase bien, el materialismo dialéctico de Engels, Marx con el santo Tomás, en el catolicismo.

Las comparsas y carrozas del carnaval se miden por su originalidad, el motivo central elegido, la perfección de sus figuras, la combinación magnífica de sus colores, sus movimientos, los atuendos, entre otros factores. Sobresalen los materiales empleados, el tamaño y la altura. En el trasfondo de todo se encuentra la pasión y la mística, todo lo cual conjuga unas formas de destacada inteligencia. Ya el psicólogo norteamericano más sobresaliente de las últimas décadas había revolucionado la idea de la inteligencia, no como una facultad única en los seres humanos, como se creyó por siglos, por la teoría de las Inteligencias Múltiples. En su obra sobre las Estructuras de la Mente, Gardner considera que son siete. La segunda de ellas es denominada como Inteligencia Musical, la cuarta es la Inteligencia Espacial y la quinta, la Inteligencia cinestesicorporal. Todas las expresiones del carnaval de Pasto se fusionan en ellas, magistralmente. Vale la pena leer a Gardner para entender la dimensión de estas afirmaciones, un tema más para investigadores sociales.

Un carnaval brillante por donde se mire, merecedor de los mayores elogios para los miles de artistas en dimensión de artesanos, exceptuando una dañina costumbre que no les corresponde a ellos sino a un sector del entusiasmado público, cual es el uso y aumento de un venenoso polvillo que los fabricantes de tabletas, baldosas y cerámicas transportan desde Envigado, Antioquia, en pesados camiones para su venta, al por mayor y al detal. “Talco”, lo llaman. Se vende por cualquier peso en toda la ciudad, y constituye el juguete de niños, jóvenes y adultos. Al lado del talco, que equivale a jugar con polvo de ladrillos, pero de color blanquecino, está la espuma “carioca”. Puestos en la realidad, es difícil abstraer la emoción causada por las “guerras” entre grupos. Pero el 7 de enero, la ciudad parece haber padecido el descalabro de un bombardeo. Hace unos poquísimos años, el alcalde Pedro Vicente Obando expidió un decreto prohibiendo su uso. ¡Quien dejo miedo! Lo menos dicho fue que la alcaldía le había decretado la pena de muerte a la esencia de carnaval…

Un carnaval brillante por donde se mire, merecedor de los mayores elogios para los miles de artistas en dimensión de artesanos, exceptuando una dañina costumbre que no les corresponde a ellos sino a un sector del entusiasmado público, cual es el uso y aumento de un venenoso polvillo que los fabricantes de tabletas, baldosas y cerámicas transportan desde Envigado, Antioquia, en pesados camiones para su venta, al por mayor y al detal. “Talco”, lo llaman. Se vende por cualquier peso en toda la ciudad, y constituye el juguete de niños, jóvenes y adultos. Al lado del talco, que equivale a jugar con polvo de ladrillos, pero de color blanquecino, está la espuma “carioca”. Puestos en la realidad, es difícil abstraer la emoción causada por las “guerras” entre grupos. Pero el 7 de enero, la ciudad parece haber padecido el descalabro de un bombardeo. Hace unos poquísimos años, el alcalde Pedro Vicente Obando expidió un decreto prohibiendo su uso. ¡Quien dejo miedo! Lo menos dicho fue que la alcaldía le había decretado la pena de muerte a la esencia de carnaval…

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